Europa

Viena, la ciudad imperial.

Dejamos Praga y con “mi mochila de viaje” a las espaldas, enrumbamos a Viena. Pero antes tuvimos que solucionar un pequeño detalle: descifrar el tiquete del tren. Nunca habíamos abordado trenes en Europa, bueno un par en España pero eran trenes locales.

Así que, con cara de pueblerinos mirábamos las pizarras donde iban apareciendo números de trenes y siglas de los destinos o eran siglas de los trenes y número de las líneas, ¡ni idea! decidimos ir a la zona de tiquetes y preguntar para que nos orientaran y, lo único que recibimos fue una hoja impresa con más números y más siglas. Después de unas consultas en google descubrimos cómo funciona el asunto.

253 km después ya estábamos en la Estación Central de Viena (Wien Hauptbahnhof), la más moderna e importante de Austria, todos los trenes de larga distancia de la Bundesbahn austriaca (ÖBB) pasan por allí.
La estación se localiza muy cerca del centro de la ciudad así que iniciamos nuestro recorrido a pie para llegar a nuestro hospedaje. En determinado momento estábamos caminando en paralelo a una autopista muy transitada imposible de cruzar, además hay que estar consiente que en Europa no puedes cruzar por donde te dé la gana, te expones a una multa.
Hicimos un alto para meditar y discutir cómo resolver el problema, cuando un señor de avanzada edad que caminaba ayudado por su bordón se detuvo junto a nosotros y nos hizo señas que le siguiéramos. Lo cual hicimos dubitativos.

Entramos lentamente, muy lentamente, detrás de él en un edificio, junto a las puertas abiertas de un elevador nos hizo ademán urgente de que entraramos, una vez apretujados en el pequeño ascensor pasó por mi mente que así justamente inician muchas historias de terror. El ascensor descendió y salimos a un pasillo algo oscuro y caminamos por el, llegamos a otro ascensor, subimos y “vualá”, ¡estábamos al otro lado de la calle! nuestro guía sonrió y siguió su camino.

Habíamos elegido hospedaje en la Pensión Mozart, muy apropiado el nombre, además la dueña, una señora mayor, poseía un “look” de actriz de Vodevil retirada.

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Flanqueados por árboles de amarilla coloración otoñal recorrimos la “Mariahilfer straße  Vienna ”, una de las calles más famosas de la ciudad, que conecta la estación de metro Westbanhof con el centro de la ciudad, posee un elegante bulevar comercial del siglo XIX que alberga tiendas de las mejores marcas. Recuerden es una ciudad de origen imperial, así que lo “fashion” es la regla.

Para comer visitamos el Naschmarkt-Viena, donde encuentras a buen precio, una gran variedad de restaurantes y mercadillos con todo tipo de productos alimenticios, en uno de ellos adquirimos un delicioso queso local. 

Acotación: si compras en un local de turcos es importante estar seguro y decidido de lo que vas a comprar, dado que los turcos echarán mano de triquiñuelas (por usar una palabra bonita) para convencerte de comprar algo, o si miras mucho pero no compras, también se pueden enojar y hasta ser groseros.

En la tarde noche, cuando la ciudad empieza a iluminarse…¡una maravilla!, recorrimos la zona de los principales museos de Austria; Ia ciudad tiene más de cien museos. Sin rumbo fijo, solo impregnando nuestros sentidos del ambiente, al cruzar las arcadas del palacio imperial escuchamos las notas de un violonchelo, sentado sobre unos peldaños un músico tocaba una selección de piezas musicales clásica y algunas no tan clásicas. Nos acomodamos junto a otros transeúntes y disfrutamos del concierto callejero. La nota perfecta para cerrar nuestro primer día en Austria, la capital de la música.

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