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COVID-19 eliminó el turismo de masas

¿Cómo será el turismo en el mundo después del COVID?

La revolución industrial, que inició a mediados del siglo XVIII, aceleró de manera exponencial cada aspecto de nuestras vidas.

La rutina diaria se transformó en una actividad cada vez más vertiginosa, menos tiempo que perder, más y más productivos bajo la consigna del nuevo estatus de éxito: el crecimiento ilimitado.

Crecimiento turístico 

La actividad turística no ha sido la excepción y ha sucumbido a la tentación del turismo de masa: “más turistas, más dinero”. En teoría suena bien, pero este crecimiento solo es posible en papel, no en la práctica. Vivimos en un planeta de recursos y espacio limitado.

Este 2020, nos ha dado una zancadilla, ha detenido la carrera hasta nuevo aviso, y aún no sabemos si el raspón en nuestra rodilla nos dejará retomarla, en realidad espero que no, al menos no al mismo ritmo.

Toda esta situación de emergencia global nos obliga a analizar los problemas estratégicos que estaba generando el turismo de masa y que veníamos posponiendo, por falta de tiempo, espacio en nuestras agendas y el sonido de las monedas en la caja registradora (un sonido sexy, lo sé) pero que ahora tenemos que renegociar, si queremos seguir en el juego.

El turismo masivo como fuente exclusiva de divisas

La pandemia demostró lo vulnerable que resulta una economía basada exclusivamente  en el turismo de masa. Por eso debemos diversificar dentro de lo posible, con otras actividades u otras alternativas de turismo porque hay una gran variedad de necesidades y públicos. 

Estrategias a reinventar

Alternativas y tipos de turismo:

Turismo cultural: integra el aspecto educativo. Aprender un idioma o historia.

El agroturismo: intercala la actividad agropecuaria regular con tours u hospedaje rural.

Turismo gastronómico: siempre tendremos que comer.

Turismo de bienestar­: soluciones alternativas para la salud.

Qué hay del Impacto ambiental.

Toda actividad humana provoca impacto en el ambiente en mayor o menor grado, por eso debemos poner límites, algo que no ha sucedido.

Foto: Portaldeturismo.pe

La demanda de hospedajes, ha provocado un desarrollo inmobiliario en playas y montañas, en muchos casos, al margen de las normas mínimas de protección ambiental.

El aumento, año con año, de visitantes a sitios naturales o de importancia arqueológica; por ejemplo en Machu Pichu, Perú, se registró entre enero a setiembre del 2019 un total de 1.2 millones de visitantes, un 13.1% con relación al mismo periodo del 2017. Está demás apuntar el daño que se esto provoca a la ciudad Inca.

El crucero MSC Magnifica se ve desde uno de los canales que conducen a la Laguna de Venecia, el 9 de junio de 2019. Miguel Medina / AFP

O por ejemplo la actividad de cruceros que hasta este año 2020 comenzó a ser restringida en Venecia, Italia, por la grave contaminación atmosférica que provocan los enormes motores encendidos mientras estaban atracados y ni hablar del daño provocado por la colisión de uno de estos enormes hoteles flotantes contra la centenaria ciudad.

Pérdida de lo autóctono

Para satisfacer la demanda de estas hordas de turista, se reproduce en masa fragmentos de la cultura local, perdiendo identidad y valor, convirtiéndose en un producto de serie.

Por ejemplo, el souvenir al tener mayor demanda, apuesta por productos “made in china” más baratos, dejando por fuera al artesano local que no puede competir contra cantidad y precio. Por ejemplo el “damasquinado”, artesanía propia de Toledo, España, ha perdido su calidad por estas razones.

También el desarrollo de plataformas de hospedaje como AirBNB, ha provocado un terrible daño a la cultura local, ya que provoca un aumento de los precios de alquiler, haciendo imposible el acceso a los locales que buscan vivir en ciudades menos turísticas, esto crea ciudades sin vida propia, vacías, solo para el espectáculo turístico, donde no es posible conocer lo autóctono. Venecia es un perfecto ejemplo.

Trabajos precarios o inestables

El aumento masivo de turistas crea una demanda de servicios, pero estos en muchos casos no supone una mejora a los empleados del sector, al contrario  es una recarga, sin reconocimiento salarial adecuado, por supuesto.

En otros casos se tiene que traer trabajadores de otras ciudades, para quienes, servicios básicos como vivienda o alimentación, apenas está cubierto de forma precaria por el empleador. Pierden calidad de vida por la supervivencia.

Y no dejemos por fuera al pequeño emprendedor que no puede sobrevivir a la competencia desleal teniendo que  ofrecer un servicio o producto barato viendo reducida sus limitadas ganancias.

Nada de esto es nuevo, simplemente es un sistema que funcionaba para un sector, por eso siempre ha sido obviado, hasta ahora.

 Las medidas que se adoptaran de aquí  en adelante nos obliga a replantear el asunto ya que si no se apuesta por nuevas formas de turismo, enfocadas más a la calidad que a la cantidad, la actividad podría desaparecer por completo.

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